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 Alivia el sistema nervioso

 

El ejercicio del 'gran triángulo' está indicado para fortalecer el sistema nervioso. La próxima vez que sientas que la impaciencia te corroe, que tus frustraciones te comen o que vas a descargar tu rabia contra alguien, piensa en hacer este ejercicio.

Cómo actúa el ejercicio sobre el cuerpo:

-ayuda a que la respiración se calme y se haga más lenta y profunda;

-relaja casi todos los músculos del cuerpo;

-estimula las funciones de los órganos abdominales, en particular, los riñones, el hígado, los órganos genitales.

Posición del ejercicio. Apóyate sobre tus rodillas y tus manos, es decir 'a cuatro patas'. Manteniendo las manos y los pies sobre el suelo, levanta las caderas hasta formar un triángulo de 60 grados (véase ilustración en siguiente capítulo). Baja la cabeza y relájala durante todo el ejercicio. Las manos y los pies guardan una separación de unos 60 cm. Equilibra el peso entre las manos y los pies, y mantén las rodillas bien rectas.

Duración del ejercicio. Respira, lenta y profundamente, a través de la nariz y continúa por lo menos 1 minuto. Mantén esta postura como máximo 3 minutos. Para llegar a este tiempo, aumenta gradualmente 15 segundos por día, y el noveno día serás capaz de mantener la postura el tiempo completo.

La respiración te ayudará a mantener la postura. Evita respirar por la boca, pues puedes provocar hiperventilación. No pienses en los temblores o la incomodidad, y concéntrate en la respiración.

Para terminar. Inhala y retén el aire durante 10 segundos, exhala y relájate. Sal lentamente de la postura y levanta la cabeza sólo al final. Siéntate con las piernas cruzadas y la espalda recta y mantén los ojos cerrados para observar los cambios que sientes en tu cuerpo.

Lo más importante es disfrutar del ejercicio. El cuerpo responde mejor si los ejercicios se hacen con gusto y no como si fuera una dura tarea. Da igual el tiempo que puedas mantener la postura, siente lo que sucede en tu cuerpo, y tómate con buen humor las incomodidades que puedas sentir.

La clave siempre es la respiración. Para mantener la respiración larga y profunda, al inspirar empuja el aire hacia la parte inferior de los pulmones distendiendo el área abdominal. A continuación empuja el estómago hacia dentro y levanta el pecho mientras continúas llenando la parte superior de los pulmones. Exhala completamente, suelta el pecho primero y después contrae el abdomen.

 

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